ENSAYOS

SIN SENTIDO OBSESIVO: EL CINE DE ANDRZEJ ZULAWSKI

Una mirada a algunas películas de Andrzej Zulawski deja ver los temas cumbres de su filmografía.

Caos y perdición según el cine de Andrzej Zulawski (1940 – 2015)

Por Octavio Andrés Tejeiro

Muy pocas veces se ha visto la aparición de una voz tan singular y consistente desde una ópera prima tal como lo hizo Andrzej Zulawski, el controvertido autor polaco nacido en Leópolis (hoy Ucrania) en 1940, quien después de llamar la atención de todo un país en 1971 con  “La Tercera Parte de la Noche” desarrolló una carrera prolífica durante más de 30 años que abarcó una obra de 2 cortos y 13 largometrajes que mostraron al mundo una mirada tan auténtica como siniestra.

Las películas de este director nos enfrentan con aquello a lo que más tememos: el mismísimo caos que rodea la vida humana, la incertidumbre que genera el estar vivo y no saber por qué estamos acá. Sus películas no se preocupan de tener lógica o coherencia narrativa, en otras palabras, todos los elementos que el autor pone en pantalla no van en función de desarrollar la historia (hay diálogos que literalmente no tienen nada que ver con el conflicto que se está llevando a cabo en pantalla) pues para Zulawski la vida no tiene ni lógica ni coherencia, es un azar sin sentido al que le buscamos alguna razón que explique nuestra existencia siendo conscientes de que lo más probable es que no haya explicación alguna, por lo que nos inventamos distracciones y excusas para alejarnos de esta verdad. Los personajes de las películas de Andrzej lo reconocen y, debido a eso, necesitan expresarse por medio de estallidos frenéticos, de emociones excesivas sin control, casi como una psicodelia contenida, en la que lo que se ve en pantalla no son colores saturados y deformaciones de la imagen, sino personas inestables expresando lo que piensan (o no piensan) a través de monólogos que poco o nada tienen que ver con lo que están viviendo, pues lo que están tratando de hacer no es explicar, es liberarse del peso que cargan en la espalda.

Still de “Amor Loco”

Zulawski expresa todo esto de manera directa en su filme “Amor Loco” (L’amour braque, 1985), el cual cuenta la historia de León, un hombre que entra de manera repentina en contacto con una banda criminal, se enamora de la novia del líder, María (interpretada por su musa Sophie Marceu, con quien trabajó con él en 3 filmes más), y escapa con ella para salvarla de los problemas que atraen los delincuentes. En una escena, María habla con León en un campo fuera de la ciudad, luego de huir exitosamente, y le dice: “Aquí, contigo, no es como en las películas o los libros, donde todo es diáfano, esperado, organizado, con un propósito claro. Todo es caos, todo es imprevisto, dolor, desorden.”

Sophie Marceu y Andrzej Zulawski

Con esta frase, Zulawski nos presenta la premisa con la que estructura la mayor parte de su cine: la desesperación que vive el ser humano al no tener una certeza concreta alrededor de su vida. Zulawski no hace películas para crear realidades, sino para destruirlas.

Con su épica espacial, En el Globo Plateado (Na srebrnym globie, On the Silver Globe, 1988), nunca finalizada gracias al trabajo antagónico que realizó el gobierno al notar que se enfrentaba a una cinta extrema que podía estar presentando metáforas rebeldes en contra del régimen totalitario que sostenía la hegemonía en Polonia durante esa época, el director hace un recuento de la historia humana desde sus inicios, desde el nacimiento de las primeras comunidades y su necesidad de adorar a un dios, a un poder que sobrepasa cualquier inquietud, un poder capaz de dotar de significado el destino de unos seres indecisos y desorientados, un significado que oculte todos los baches y dudas que atormentan. La narración cuenta la odisea de un pequeño grupo de astronautas que recorren el universo en busca de un planeta parecido a la Tierra donde asentarse en libertad (no se dice pero se deduce levemente que en su hogar una dictadura dirige todo el mundo), y, luego de hallarlo, dan nacimiento a una nueva sociedad que se confronta con los desafíos de la construcción de una comunidad mientras los anteriores habitantes del planeta, unos monstruos llamados ‘Sczerns’, intentan conquistar a estos ‘neo-humanos’.

Afiche original de “En el Globo Plateado

No soy nadie. Siempre he sido un don nadie. He odiado y despreciado a los que se reconcilian. Ahora yo, yo soy el más detestable porque he podido entrar en términos conmigo mismo. No voy cambiar nada en el mundo. Mi ilusión no es ni siquiera un susurro en la superficie fría y metálica del mundo.” Este monólogo, exclamado por Marek, protagonista de la película,  al encontrarse a solas con un ‘Sczern’, nos demuestra la visión desdichada que tiene Zulawski del hombre y cómo al enfrentarse a la verdad de que no existe razón alguna que explique nuestro porvenir se llega a un vacío sin fondo. No es extraño esperar que la mayoría de sus historias lleguen a finales pesimistas, en los que no hay salida y la esperanza se desvanece por completo. Sus personajes pierden las distracciones que creaban, sucumben ante el caos que los rodea y, yendo por este camino, la historia concluye de maneras inesperadas.

La estética que busca Zulawski va ligada con el contenido que maneja. Por eso vemos que para hacer sentir aquella desesperación, esa perdición que sienten sus personajes, los protagonistas son puestos en contraste con lugares amplios –retratados con lentes angulares– y una cámara que no deja de moverse por el espacio, aunque lo que ocurra en pantalla sean dos personas sentadas charlando, como si las motivaciones vinieran del discurso, no de las acciones. La atmósfera que se crea es oscura, siniestra, con contrastes altísimos en el que los personajes se pierden completamente de la imagen, tanto que parte de lo que ocurre en pantalla queda en misterio, pues muchas veces lo importante es lo que dicen o gritan los personajes, no lo que hacen.

 

Escena de “Cosmos” (2015), galardona con el premio a Mejor Director en el Festival de Cine de Locarno. Última película del director.

De las palabras de Michael Atkinson en el libro “Cine del Exilio: cineastas trabajando más allá de Hollywood”, sale una frase que describe muy bien al director: “Zulawski es una criatura de experiencias extremas. Para él no hay borde, solo el abismo”,  y efectivamente para el autor no existe descanso, un espacio donde reposar, sólo oscuridad y choque, por esto su puesta en escena es frenética, sus personajes no paran de caminar, moverse, golpear y tirarse al suelo en estallidos sin control de efervescencia emocional. Estados que demuestran una histeria mental fruto de su desasosiego.

Sus historias retratan relaciones imposibles o tumultuosas, en las que uno de los personajes se refleja en el otro de manera obsesiva, necesitando de este para estructurar su vida,  y cuando el vínculo se ve en riesgo toda su existencia y realidad,  en medio de búsquedas de nuevos sentidos, entran en crisis. Zulawski los pone en situaciones en las que deben cuestionarse su propósito en el mundo, el cual se cae a pedazos cuando sienten el abandono de lo que les daba significación a sus vidas.

Podemos encontrar este patrón en Posesión (Possession, 1981), película que lo puso en el ojo internacional. La cinta nos cuenta las peripecias de una pareja compuesta por Anna (interpretada por una magnifica Isabelle Adjani, ganadora del premio a Mejor Actriz en Cannes ese año) y Mark, un espía que después de llegar a casa de una misión se encuentra con que su esposa quiere el divorcio, pero no le dice la razón, sólo responde que no es porque haya encontrado a otra persona.  Posesión muestra la histeria de Anna creada a partir de la ausencia de su esposo, por lo que en secreto crea lentamente una criatura que tiene el objetivo de reemplazarlo, de esta manera, cuando por fin vuelve Mark, su presencia está en juego.

No es raro ver entonces en sus películas la figura del ‘doppelhanger’, un ser que haga de doble, ya que sus personajes, al ver perdida la seguridad que tenían con aquel a quien desean, buscan lo extraviado en ese doble.

En el Globo Plateado se sale un poco del esquema, ya no hay un reflejo individual, sino plural, pues ya no hablamos de una relación entre dos sujetos, sino entre dos conjuntos, el de los monstruos ‘Sczern’ y los ‘neo-humanos’.

Mark y Anna en “Posesión

Zulawski concibe un cine excesivo, radical y agresivo, que ataca al espectador con todo lo que tiene para ponerlo de frente con todo lo que no lo deja dormir en la noche; no le da respiros ni chance para que salga indiferente de la sala, su objetivo es dejarlo temblando en la silla para cuando la pantalla muestre los créditos. Se puede amar u odiar una película de Zulawski, pero nunca pasar desapercibida.

Si bien se ha dicho que el arte sirve como espejo para devolverle a la humanidad su imagen, podríamos decir que el espejo que crea Zulawski no es uno que devuelva un reflejo exacto y deducible, sino uno que escupe una hipérbole que se sale por el marco y nos vomita en la cara. Se mueve de escena a escena con dinámicas rápidas y azar ilimitado (en un momento podemos estar presenciando una cena familiar y en el otro a un personaje imitando al pato Donald, mirando directamente al público, como ocurre en su último largometraje, Cosmos (2015)) Cuando una de sus películas ha terminado no podemos negar  la intuición de que había algo detrás de lo que acabamos de ver, algo oscuro y retorcido, algo aterrador, aquello que evitamos confrontar: la respuesta que dé sentido a nuestra vida.

 

 

 

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