CRÍTICAS

LA OBSESIÓN DEL PASADO: PEPPERMINT FRAPPÉ, DE CARLOS SAURA

Una obra cumbre de la filmografía de Carlos Saura es revisada a la luz de la importancia que tiene para Saura el recuerdo.

Carlos Saura se alzó, en la Berlinale de 1968, con el premio a Mejor Director por esta película. Un juego con las capas del pasado y de las cosas que recordamos. Protagonizada por Geraldine Chaplin y José Luis López Vázquez.

 

Por Octavio Tejeiro

Cuando Julián se reencuentra con su gran amigo de infancia, Pablo, quien llega luego de un extenso viaje en África con la noticia de que se ha casado con una bella mujer mucho más joven que él llamada Elena, verá de improviso el renacimiento de un recuerdo que pensaba olvidado: el de una mujer hermosa que tocaba un gran tambor en el carnaval de Calanda, al que Julián había asistido tiempo atrás. El protagonista ve el parecido entre ambas y termina obsesionándose con Elena a tal punto de asegurar que ella es aquella mujer de antaño, aunque la primera niegue el hecho de haber estado alguna vez en Calanda. Por esto, a pesar de la amistad involucrada, Julián decide enamorar a Elena a como dé lugar.

Esta es la premisa que usa Saura para indagar nuevamente en los recuerdos, un tema que para su cine no es nada extraño, pues ha sido abordado en varias oportunidades, desde su obra más conocida, Cría Cuervos (1976) hasta aquella con la que se hizo famoso mundialmente, La Caza (1965); los recuerdos representan una gran parte de las preocupaciones más grandes del cineasta español, pero en Peppermint Frappé, ganadora del Oso de Plata en el Festival de cine de Berlín del año 1967, podemos ver una nueva faceta de lo que Saura había propuesto previamente en sus películas, pues mientras en las demás los recuerdos aparecen como imágenes de un pasado doloroso y añorado, del que se tienen arrepentimientos y deseos reprimidos que se van mezclando con la vida personal de sus personajes, en Peppermint Frappé vemos que estos pasan a ser los motivos a recuperar, sin importar las consecuencias En otras palabras, reavivan aquellos anhelos no obtenidos del pasado.

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Para Saura, los recuerdos van más allá de ser experiencias archivadas en la psique, se trata mas bien de elementos que conforman de manera profunda al sujeto, por esta razón, al momento de enfrentarse a estos, el individuo entra en un estado de recomposición en el que sus actitudes y motivaciones giran en torno a lo que aquel pedazo de memoria dicte. Por eso no es extraño ver en sus películas personajes entrados en años, con una vida organizada, saltar al vacío, arriesgar todo por algo que a primera vista parece una nimiedad.

En Peppermint Frappé (dedicada a Luis Buñuel, quien justamente es oriundo de Calanda), Julián no puede contenerse ante la imagen exacta de Elena con la chica de Calanda e intenta conquistarla sin importarle la amistad que sostiene con el marido de ella, pero cuando esta lo rechaza bruscamente, incluso revelando los coqueteos a Pablo, Julián toma otro camino: si el recuerdo no puede ser recuperado, tiene que ser reemplazado. Es así como busca la imagen de Elena y la chica de Calanda en Ana, su asistente, para así  lograr obtener lo que nunca tendrá.

Saura muestra todo con austeridad. Su cámara se mueve a la par de los personajes, si ellos están quietos, la cámara también lo está. Un sencillísmo visual que cautiva alrededor de lo que cuenta, pues Saura opta por una atmósfera realista y sobria que cubra una historia que se sale de los límites de lo verosímil. Justamente ese es el poder que tiene la película: mientras que lo que vemos es increíble y absurdo, la manera en que esto se muestra es completamente frugal, casi como si para la cinta lo que estuviera mostrando fuese algo completamente cotidiano y sin excentricidades.

Es un filme que sorprende al internarse en la mente de personajes que a primera vista parecen estar en sus cabales, nos muestra su vida privada haciéndonos testigos de la obsesión y la degeneración de la que son víctimas gracias a ese desespero que se apodera de ellos y así, Saura nos deja claro que el pasado nunca nos abandona, que al contrario, siempre se queda con nosotros y cuando menos lo vemos venir, nos toma del cuello y nos obliga a hacer cosas que no creíamos que fuéramos capaces de realizar. Otro filme que demuestra por qué Carlos Saura es uno de los directores más reconocidos del cine español.

 

PPEPER

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