Cero En Conducta Nº5 / Enero - Marzo 2019

LA EXTRAÑA SITUACIÓN DE UN HOMBRE ANODINO

Esta crítica se publicó durante el estreno, hace unos años, de Porfirio (2011), la primera película de Alejandro Landes. Volvemos a ella para mirar con cierta perspectiva su próxima película, Monos.

 

Porfirio, de Alejandro Landes (2011)

Porfirio es una película extraña en su sencillez. Porfirio es un personaje que no tiene nada de extraordinario, y sin embargo no es nada corriente. Porfirio Ramírez es un hombre que se interpreta a sí mismo, y a veces lo logra hacer muy bien. Alejandro Landes es un director que debuta con una mirada singular y una propuesta muy personal que lo posiciona en el panorama cinematográfico internacional, comprobado al ser invitado a la Quinzaine de Réalisateurs de Cannes, entre otros grandes festivales.

Desenrollemos la madeja. En 1991, a Porfirio Ramírez, un ganadero tolimense, lo alcanzó una bala de la policía, le dio en la columna vertebral y lo dejó paralítico. Después de demandar al Estado, pero no lograr una indemnización, en 2005, secuestró un avión que cubría la ruta Florencia-Bogotá, pero finalmente fue aprehendido y condenado a ocho años de cárcel; por sus condiciones de salud, finalmente le dieron detención domiciliaria. Desde que Alejandro Landes vio esta noticia en el periódico, le interesó la historia, y quiso desarrollar el lado humano detrás de la anécdota amarillista.

Lo singular es la manera en que lo hizo: sin usar un lenguaje documental, logró —tras un arduo trabajo de convencimiento— que el mismo Porfirio Ramírez se interpretara en la película, así como su hijo Lissin y su vecina Jasbleidy, que hace el rol de su compañera, con un desparpajo inusitado en una actriz natural sin ninguna preparación. El resultado es un filme muy singular, con un guion sencillo pero contundente, muy natural, con diálogos bien estructurados pero que se sienten espontáneos a la vez.

La cámara es inquieta, se acerca a los personajes, los segmenta, los descompone, aunque también los contextualiza, los devuelve a un entorno que a veces resulta natural y otras, extraño. Durante la primera mitad de la película, Porfirio no sale de su casa; vemos, pues, sólo a los tres personajes en su cotidianidad, entendemos la cotidianidad del protagonista, siempre en una pantaloneta que a duras penas le tapa el pañal, que necesita ayuda para sus labores cotidianas y sobrevive vendiendo minutos de celular a los vecinos en el porche de su casa, y entendemos la desesperación que lo va consumiendo poco a poco. Más adelante, el panorama se amplía, cuando Porfirio sale de su casa y recorre las calles de Florencia en busca de su abogado o en alguna diligencia. Entonces la luz cambia, y también lo hace la sensación de dignidad de Porfirio: se le ve decisión y valentía.

A Porfirio le gusta cantar. Así entretiene a Jasbleidy, así nos cuenta su historia. Nos mira directamente a los ojos, sin que Landes intervenga, volviendo a borrar el límite entre ficción y realidad, entre relato y noticia. Y lo hace bastante bien. Probablemente Porfirio Ramírez no tenga un futuro en el cine, quizá incluso no logre el éxito en el mundo musical, pero seguro que Landes sí tiene un interesante porvenir en el cine. Es un augurio y una esperanza.

 

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