Cero En Conducta Nº1 / Enero - Marzo 2018

CIEN MIL RAZONES O NINGUNA, ES IGUAL

Corazón fantasma (Le Cœur fantôme, 1996), de Philippe Garrel

Corazón fantasma (Le Cœur fantôme, 1996), de Philippe Garrel

“La vida es mucho más fuerte que todos los remordimientos. Y los remordimientos no tienen lugar en las historias de amor”.

-El padre de Philippe, Corazón fantasma.

Para los seres humanos su capacidad de razonar puede ser ambivalente para su paz espiritual. Demasiadas preguntas sobre el ser; excesiva necesidad de encontrar respuestas que no existen y que el universo no tiene.  Esta dualidad interna en cada individuo se hace evidente como esencia característica de los films del director francés Philippe Garrel, al hacer que el espectador se interrogue sobre sí mismo y –quizá–  haciendo nacer un posible remedio en su honestidad personal. Este estilo de cine exige un público sensible y profundo. Sus historias no son de superhéroes ni de grandes estrellas con enormes producciones; es un cine que relata situaciones comunes, de vidas reales, con sus hábitos e inquietudes. En Corazón fantasma (Le coeur fantôme, 1996) se muestra la historia desde el punto de vista de Philippe (Luis Rego), un hombre que termina la relación con su esposa porque “ya no hay amor”,  por lo que debe irse de la casa “abandonando a sus hijos”. Muy rápidamente encuentra a Justine (Aurélia Alcaïs), una mujer muy joven que termina haciendo aparecer, otra vez, el amor.

La película  hace una reflexión sobre el estilo en el que las relaciones interpersonales se han convertido, en donde el ideal de “amor eterno” quizá solo es eso, una idea, una frase; es además un análisis del papel del padre en la sociedad y de lo que es correcto hacer cuando hay una ruptura familiar. El estilo del guion de Garrel no se ciñe a la linealidad narrativa y nos demuestra que no hay vidas ni personas perfectas; donde Justine, a pesar de ser la “salvadora” de Philippe no cree que sea así, y donde él no sabe de qué manera demostrarlo porque su círculo de conocidos no le va a creer. No hay necesidad de sentirse culpable de lo inevitable. El “corazón fantasma” es el de Philippe que trata de hacerlo valer por los que quiere, pero nadie lo nota, ni sus hijos, ni su esposa, ni su nueva novia. Él permanece atascado en lo que “debe ser” para los demás y no en lo que él realmente “es” para ellos. Lo que queda es de la honestidad propia para alcanzar la felicidad y no caer en la desesperanza, brindándole a las personas una visión propia.  

 

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