Cero En Conducta Nº1 / Enero - Marzo 2018

¿QUIERES COLARTE EN MIS SUEÑOS?

Les amants réguliers, 2005

Los amantes habituales (Les amants réguliers, 2005), de Philippe Garrel

 

 

El cine resguarda la memoria de modos extraños, oblicuos

Serge Daney

 

“La elección es entre verse a sí mismo o ser visto”, dice un afeminado y patético personaje de Los amantes habituales (Les amants réguliers, 2005). Está frente a un espejo mirándose y viendo como le queda la ropa que lleva encima. La frase no es casual –como no lo es ninguna en el cine de Philippe Garrel- y apunta a un momento particularmente coyuntural de la historia francesa –1968- cuando los jóvenes estudiantes, los artistas y los obreros decidieron mirarse a sí mismos, se vieron inconformes y entendieron que no podían ser vistos como individuos sino como un colectivo, y así se lanzaron a las calles paralizando a un país.

Garrel tenía exactamente 20 años en mayo de 1968 y pese a eso ya había hecho dos cortometrajes, Les enfants désaccordés (1964) y Droit de visite (1965), y dos largometrajes, Marie pour mémoire (1967) y Anémone (1968), producidos todos por él mismo –genio precoz–. Fue testigo en primera persona de todos los hechos de esa primavera francesa y existe una película a la que Los amantes habituales permanentemente evoca, La mamá y la puta (La maman et la putain, 1973), de Jean Eustache: ambas tienen el mismo largo aliento y el poder de retratar con nostalgia un momento que, más que cambios colectivos, produjo cambios personales enormes: quien vivió el mayo del 68 en Francia no volvió a ser el mismo.

Disfrazada de historia de amor entre dos jóvenes, un poeta llamado François (Louis Garrel, su hijo) y una escultora, Lilie (Clotilde Hesme), es en realidad un relato de las diversas vivencias de un grupo de amigos que conviven en la casona de uno de ellos, Antoine, mientras fuman opio, pintan, beben, se enamoran, intercambian parejas y sueños. Los amantes habituales ofrece una de las perspectivas más realistas que recuerde sobre las revueltas entre los protestantes y la policía. Es de noche, hay barricadas improvisadas llenas de ladrillos y piedras, autos incendiados, fuego, gente que corre, pero sobre todo caos. Nadie sabe quién es quién y Garrel no nos orienta: esos que llevan casco no son los gendarmes, son los de la revuelta; no sabemos por dónde van a llover las piedras, quien dará la orden de abrir fuego. La secuencia es larga pero absolutamente satisfactoria en su abordaje semi-documental a unos hechos que tuvieron que haber sido así, sin lugar a coreografía alguna.

Después, el film se cierra sobre los personajes, florece la relación entre François y Lilie –no hay ninguna escena de sexo en la película- y todo lo demás parece estar atravesado por la fugacidad. La gente va y viene por esa casona, amores surgen y desaparecen, las ilusiones de un cambio social se desvanecen: el estilo episódico del filme es perfecto para darnos cuenta de esto. Quedan el diálogo, el sueño personal compartido, las ganas de triunfar como artistas que ambos tienen, y también la consciencia de que su tiempo juntos tiene fecha de vencimiento. Sorprende la ternura que Garrel despliega entre ambos personajes, sobre todo cuando Lilie confiesa lo que siente por su pareja. La película se siente auténtica y madura. Es capaz de reflejar una época, pero lo mejor, también es capaz de mostrarnos cómo sentían los que en esa época vivían.

Los amantes habituales es un enorme logro de Philippe Garrel. No pierde para nada las características que lo han hecho un autor tan reconocible: la improvisación, la coralidad, la poca dependencia de una línea narrativa convencional, el estudio detallado de los afectos y sus consecuencias entre los que aman y son amados. Pero esta vez hay alma, un nervio complejo que hace a esta película algo inolvidable. Uno de los tantos personajes secundarios de esta cinta le pregunta a François, “¿Quieres colarte en mis sueños?”. No obtiene respuesta, pero en la última escena vemos a Lilie colada en un sueño de François y entendemos que Philippe Garrel logró que Los amantes habituales haga parte de nuestro subconsciente y de ahí no saldrá jamás.

 

 

        

 

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