Cero En Conducta Nº2 / Abril - Junio 2018

UN CONTAGIO NECESARIO

Virus tropical, de Santiago Caicedo (2018)

Virus tropical, de Santiago Caicedo (2018)

Paola Gaviria (PowerPaola) es una colombo-ecuatoriana cuya vida ha transcurrido entre Quito, Cali y Buenos Aires. Su familia está conformada por su padre (un ex sacerdote), su madre y dos hermanas mayores. Desde muy joven se dedicó a la ilustración y hace algunos años publicó su novela gráfica Virus Tropical, que por estos días llega a la pantalla gigante de la mano del director Santiago Caicedo.  A pesar de sus singularidades, la vida de Powerpaola no tiene nada de excepcional y este es, precisamente, uno de los mayores atractivos de su historia: la posibilidad de generar identificación y empatía con el espectador.

A partir de la vida de la protagonista, la historia nos va llevando por su entorno familiar, enmarcado en las particularidades sociales del contexto y la época en la que desarrolla: de los gritos de rebeldía de los setenta a los miedos y ansiedades de los ochenta y noventa, enmarcados por la presencia inquietante del narcotráfico en nuestras ciudades.  Virus Tropical no intenta hacer un retrato sociológico, pero, siguiendo la vida familiar como eje conductor, también nos habla de nuestro país y de la niñez y adolescencia de una generación.

La tradición del largometraje animado en Colombia es realmente escasa.  Los altos costos y el trabajo minucioso que requiere hacer un trabajo de esta naturaleza han impedido que el cine colombiano tenga un número mayor de películas animadas.  Desde las primeras producciones del maestro Fernando Laverde (La pobre viejecita, 1978 y Cristóbal Colón, 1983), un emprendedor pionero cuyo talento fue reconocido más allá de nuestras fronteras, hasta películas más recientes que han usado distintas técnicas de la animación como rotoscopia, animación bidimensional y por recorte, se destacan títulos como: Sabogal (Juan José Lozano y Sergio Mejía, 2015); Gordo, calvo y bajito (Carlos Osuna, 2011),  Pequeñas voces (Jairo Carrillo y Óscar Andrade, 2011), El libro de Lila (Marcela Rincón, 2017) y la colombo-uruguaya Anina (Alfredo Soderguit, 2014).  La televisión, especialmente la pública, nos ha demostrado sobradamente que en el país se hace muy buena animación; producciones que han sido emitidas por varios canales nacionales como Puerto Papel, Guillermina y Candelario, Las niñas de la guerra, Profesor Super O, Anancy in the land, Cuentos de viejos, Zootecnica, Butiman y Cuentos de viejos, son solamente algunos ejemplos de lo anterior.

La producción de Virus Tropical tiene importantes méritos: Un guión sólido que se mide a adaptar un libro de 16 capítulos a un largometraje de hora y media, el trabajo de un equipo de animación de solo seis animadores principales y cinco asistentes y la realización de una película animada de largometraje con recursos limitados y con un resultado bastante bueno.  El equipo de producción se la juega con una película animada en blanco y negro y dirigida a un público adulto, un reto aún mayor, con una alta dosis de riesgo, que, si funciona bien, puede abrir una importante veta para otras producciones similares en nuestro país, como un virus virtuoso que puede dar variedad y frescura al cine nacional.

Utilizando la técnica de animación por recorte, los animadores logran un trabajo realmente notable por medio de la superposición de varias capas que da una buena sensación de profundidad y ritmo narrativo a la historia.  La animación es particularmente rica y se entiende mejor su valor cuando se permite jugar con las transiciones, el posicionamiento de símbolos y la transformación de objetos pasados por el matiz del punto de vista personal de la protagonista. Las locaciones logran ser bien representadas y, a pesar de tratarse de una animación bidimensional que se aleja del realismo de producciones a las que el público está acostumbrado, logra su objetivo al elaborar un retrato íntimo y subjetivo de las vivencias de la protagonista.  La voz del personaje principal cumple una función como hilo conductor, pero su intermitencia hace que nos preguntemos si realmente sería necesaria dentro de la narración o si podría haberse confiado en la contundencia del relato y sus transiciones en la historia.

La ausencia de largometrajes animados cobra factura en algunos problemas técnicos menores (como la animación de personajes en segundo plano) pero se nota mucho más en el doblaje.  A pesar de tener en el elenco a actores de la talla de Alejandra Borrero y Diego León Hoyos, la actuación logra en distintos momentos del film ser inferior al impacto visual y narrativo de la historia.  Es importante que se entienda que la actuación en vivo difiere técnica y narrativamente a la de doblaje, en donde el actor debe hacer uso exclusivo de su voz para acondicionarla al personaje animado. En Virus Tropical hay escenas en las que las actuaciones son exageradas, literales o demasiado “leídas”, lo que hace que se pierda la fuerza de lo que se quiere contar.  Este problema, no obstante, está presente en la mayoría de nuestras producciones animadas y es fundamental que, para que el campo avance, se preste mayor atención a la actuación de doblaje, que es un área especializada dentro de los estudios de interpretación dramática.

La caracterización de los personajes pasa por el matiz de la subjetividad de la protagonista y su papel en la historia depende exclusivamente de las relaciones que se tejen con los mismos.  La música cumple también una importante función como hilo conductor, caracterizando los momentos de la vida de Powerpaola y como una manifestación de sus emociones. Además de los momentos de musicalización incidental, la letra de temas como el central dicen también mucho sobre el espíritu del film: “Piensa como un malestar / sintomáticos los días ves pasar / la suma de las partes ya no te da / sientes que eres alguien que ya no está / te carcomen los lamentos de la incomodidad / hay algo que te dice que debes cambiar / te queda pequeño cada lugar y no tienes nada para domesticar / tienes un virus tropical que empezó cuando llegaste y no puede parar / lo dejaste avanzar y se descontroló y ahora todo infectó”.

La comparación entre Virus Tropical y Persépolis (Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud, 2008) es casi inevitable, al punto que algunos la han denominado la “Persépolis colombiana”. Ambas películas coinciden en relatar en primera persona la vida familiar de una mujer desde su niñez hasta la edad adulta, enmarcada en circunstancias históricas y socio-económicas muy particulares.  Sin embargo, a diferencia de la iraní, Virus Tropical no enfatiza en las circunstancias políticas y, si aborda temáticas como el narcotráfico, solo es como marco de referencia para entender las dinámicas de la singular familia de la protagonista y el entorno que la rodea.  El relato es consistente y presenta de manera ágil los distintos momentos de la vida de la protagonista desde su particular punto de vista, permitiendo que, a medida que avanza la narración, abandone la ingenuidad y se torne más reflexivo.

Virus Tropical es una propuesta fresca y novedosa.  Un punto importante para la animación colombiana y una mirada íntima y subjetiva sobre la vida de una compatriota con la que muchos (y muchas) pueden sentirse identificados. La animación en Colombia es un virus que apenas está incubando, pero con nuevas y mejores propuestas puede llegar a expandirse más allá de nuestras fronteras como una nueva y rica posibilidad expresiva.

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