Cero En Conducta Nº3 / Julio - Septiembre 2018

ENTRE EL TRASEGAR Y LOS DESCUBRIMIENTOS

Pájaros de verano. Especial sobre el cine de Ciro Guerra y Cristina Gallego.

Ciro Guerra y Cristina Gallego. Una mirada transversal a su cinematografía

 

La obra del director Ciro Guerra, de la mano con la producción y co-dirección de Cristina Gallego en su última película, puede leerse como una serie de viajes en el tiempo (recordado y vivido) o de cuestionamientos de sus personajes en torno a quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde van. La búsqueda se presenta desde lo masculino y siempre en compañía de otro hombre: Mañe y el hombre de la silla (La sombra del caminante (2003)), Fermín Morales e Ignacio Carrillo (Los viajes del viento (2009)), Evan/Theodor y Karamakate (El abrazo de la serpiente (2015)) y Moisés y Rapayet (Pájaros de verano (2018)).

 

En sus películas, se pueden encontrar temáticas comunes que entretejen la narrativa cinematográfica. Este texto se desarrolla teniendo en cuenta ejes transversales de forma y contenido: dos películas en blanco y negro, dos películas a color; La sombra, Los viajes, El abrazo, Pájaros; del caminante, del viento, de la serpiente, de verano. Conceptos o sustantivos que representan la fugacidad, lo pasajero o transitorio, lo misterioso, pero al mismo tiempo el descubrimiento, el conocimiento. Estas cuestiones resultan relevantes para las temáticas comunes que serán desarrolladas a continuación.

 

Los compañeros de viaje

Al estilo del Quijote de la Mancha y su compañero Sancho, cada dupla de personajes se complementa entre sí de manera paradójica: se contrarían y se asemejan, se buscan y se hieren. Uno de ellos representa la fuerza, la aparente claridad en soledad y la determinación. El otro, en cambio, es un sujeto en proceso de iniciación, quien ansía el conocimiento y piensa encontrarlo en compañía del otro. A medida que avanzan sus viajes, los papeles se intercambian, el sujeto más fuerte requiere de la ayuda incondicional del otro para salvarse de alguna manera: de los pandilleros del barrio o de la muerte; de la maldición del diablo; de ser un cuerpo vacío, un chullachaqui (1); del castigo de los espíritus. Sin esa ayuda mutua, ambos personajes se verían condenados a no poder morir (si lo que buscan es una muerte tranquila), a no encontrar la verdad, a no aprender, o a no liberarse de sus condenas internas.

 

La sombra del caminante, de Ciro GuerraLa sombra del caminante, de Ciro Guerra   

La sombra del caminante

 

Los viajes del viento, de Ciro GuerraLos viajes del viento, de Ciro Guerra

Los viajes del viento

 

El abrazo de la serpiente, de Ciro GuerraEl abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra

El abrazo de la serpiente

 

 

Pájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina GallegoPájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina Gallego

Pájaros de verano

 

Lo femenino juega un papel diferente en las películas de Ciro-Cristina. Las mujeres se presentan, quizás, con un rol secundario, como personajes que activan o exasperan los procesos interiores de los hombres. Es allí donde reside su potencia: Marelvis encuentra la planta que puede salvar al hombre de la silla; la muerte de la esposa de Ignacio lo lleva a emprender su viaje; Theo le escribe a su esposa en Alemania contándole sus aprendizajes; y Úrsula –tal vez la más presente, la más poderosa- representa la protección de la familia a toda costa, en medio de la guerra. La pregunta por la posibilidad real del amor entre hombres y mujeres se ve truncada o parece pasar a segundo plano, al tiempo que no representa un factor relevante o un posible obstáculo en los viajes de los personajes.

 

El tiempo enlazado

¿Qué efecto tendrán en el futuro nuestras acciones pasadas? La rememoración es esencial en los relatos de Ciro-Cristina. El encuentro entre los compañeros de viaje despliega memorias que están relacionadas con todo lo que ocurre en el presente. La idea de los viajes cumple esta misión: la de recorrer los pasos como una forma de conocimiento, al estilo de Alejo Carpentier (en Los pasos perdidos) o de Marcel Proust (en En busca del tiempo perdido). Así, por ejemplo, el hombre de la silla termina siendo el asesino de la familia de Mañe, a quien el victimario hoy cuida y protege; Fermín Morales representa los deseos que en su juventud llevaron a Ignacio Carrillo a la condena del juglar solitario; Evan y Karamakate vuelven a la Chorrera sólo para encontrar que “algo salió mal”, que entre los indígenas y los capuchinos sólo queda “lo peor de ambos mundos”; y el Yoluja (espíritu malo, sombra de Moncho-Moisés), aparece en forma de pájaro y acompaña a Rapayet todo el tiempo, para que no olvide su pasado.

El abrazo de la serpiente, de Ciro GuerraEl abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra

   Fotogramas El abrazo de la serpiente

 

Es esta concepción del tiempo la que hila las narrativas: el tiempo que se entrelaza, la huella/marca/ruina del pasado se manifiesta en las acciones y emociones del presente y a la vez proyecta a los personajes en el futuro. Esta búsqueda abstracta, contemplativa, subjetiva, es la que quizás hace de la narrativa de Ciro-Cristina una tan diferente a la del cine con grandes audiencias en Colombia. Y es, quizás por ello, que en ocasiones cuesta al espectador colombiano(a) sentirse identificado(a) directamente con sus imágenes. Ante unos ojos tan acostumbrados a la acción y a la reacción, no es de extrañar la distancia narrativa que produce esta contemplación.

Estas películas acuden al simbolismo en los detalles u objetos aparentemente triviales: la silla, los dibujos, las plantas, el acordeón, los cantos. Son todos detalles que entrelazan las formas del tiempo. El pasado se extiende hasta el presente y se proyecta al futuro siempre que los personajes sientan que tienen tareas inacabadas. La narración que rememora configura su presente, las acciones por cumplir; la memoria viva configura, por decirlo de otra manera, la auto-representación de los personajes en el tiempo.

Los viajes del viento, de Ciro GuerraLos viajes del viento, de Ciro Guerra

 Fotogramas Los viajes del viento

 

El valor de los sueños, las plantas y los cantos

Los sueños y los cantos poseen un valor fundamental en la construcción de las narrativas. Por un lado, es a partir de los sueños que los personajes descubren pasos a seguir o revelaciones sobre sí mismos. Por otra parte, a través de los cantos, se muestra la forma cómo se ha transformado y al mismo tiempo se refleja parte de la cultura colombiana, desde la amazonía hasta la costa caribe. Los viajes del viento, conmemora la leyenda de Francisco el Hombre, que ha influido ampliamente en las dinámicas y prácticas culturales de la costa caribe en nuestro país: el duelo de los juglares, el Festival de la Leyenda Vallenata. Tanto Los viajes del viento como Pájaros de verano reconstruyen historias de los años 60-70-80 que resuenan hoy en la cotidianidad de las personas, en las que la música cumple un papel primordial.

En algunos casos, los sueños y las plantas se relacionan estrechamente: una planta produce ensoñaciones y mantiene vivo al hombre de la silla en La sombra del caminante. Su robo o desaparición pone en peligro las esperanzas de vida y de cambio de ambos personajes. Algo similar sucede en El abrazo de la serpiente. El sueño es aquel que guía el encuentro entre los hombres.

    Antes de convertirse en guerrero, todo hombre Cohiuano debe dejar todo, e irse solo al monte, guiado solamente por lo que le dicen sus sueños. En ese viaje, debe descubrir, en soledad, en silencio, quién es realmente. Debe convertirse en un vagabundo de sueños. Muchos se pierden, algunos nunca vuelven. Pero los que lo hacen, ya están listos para enfrentar todo lo que pueda venir.

Hay algunos factores que ayudan a comprender el tiempo entrelazado entre las plantas y los sueños. Karamakate (el mueve mundos), es un Cohiuano y la Yakruna es la planta sagrada de su pueblo, la que salva las vidas y devuelve los sueños. Los sueños son guías de acción: revelan los caminos y ayudan a tomar decisiones. La película es un viaje en el tiempo durante 40 años a través de dibujos y sueños. 40 años atrás, Theo (el alemán) busca la planta con la ayuda del mueve mundos para salvar su vida. 40 años después, Evan (el estadounidense) busca la planta con la ayuda del mueve mundos para poder soñar. Dos hombres en uno, pasado y presente. Theo pinta en su diario un dibujo que Karamakate ya antes había soñado. Años después, el indígena sueña con un hombre que no puede soñar (Evan). Ya anciano, Karamakate pinta el sueño sobre las piedras buscando respuestas. El encuentro con el hombre que no puede soñar es la posibilidad del indígena de no ser un chullachaqui.

 

El abrazo de la serpiente, de Ciro GuerraEl abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra 

Fotogramas El abrazo de la serpiente

El canto es a su vez importante para el Cohiuano. Los cantos son la voz de los ancestros, la canción representa su cultura. Sólo escuchando se pueden obtener respuestas respecto al conocimiento del mundo y del propio ser. Por ello, quizás es más importante escuchar que ver. Al escuchar se expande la percepción/la imagen de las cosas (2).

En Pájaros de verano los sueños son a su vez imprescindibles, guían de manera general las acciones de los Wayúu. Los sueños advierten sobre los peligros, anuncian -como los pájaros- los deberes por cumplir, las condenas por pagar, los miedos internos. Son, al igual que los Jayechi (cantos que cuentan anécdotas o experiencias), una forma de conocimiento o de saber del mundo y de los ancestros, una forma de comunicación entre los vivos y los muertos.

 

Pájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina GallegoPájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina Gallego  

Fotogramas Pájaros de verano

La estructura narrativa de Pájaros de verano está dividida en cinco cantos que representan el surgimiento, apogeo y caída de una familia en medio de la bonanza marimbera en la Guajira. Los cantos reconstruyen la memoria de los Wayúu en torno a esa historia y al mismo tiempo funcionan como un medio de enseñanza que señala el peligro de las costumbres alijuna y la tentación de la ambición.

Se ha visto entonces, cómo la obra de Ciro Guerra y Cristina Gallego retrata el viaje interior de sus personajes, intentando descubrir o explorar el tiempo vivido y el recordado y cuestionándose por el camino a seguir. Esto lleva a que los personajes se encuentren en un continuo trasegar al lado de un compañero de viaje que ayuda a entrelazar las formas del tiempo y a descubrir en los detalles de los sueños, de los dibujos, del uso de las plantas y de la continuidad de los cantos, algo de sí mismos, de su cultura y del valor fundamental de la transformación.

 

 

(1) La conversación entre Theo y Karamakate (ante la fotografía de este último) nos revela la búsqueda por la memoria que hará el indígena 40 años después:

“K -¿Qué vas a hacer?

  TH -Voy a guardarla.

K -¿Por qué vas a guardarme?

  TH -Ese no eres tú. Es una imagen de ti.

  K -¿Como un chullachaqui?

  TH -¿Un chullachaqui?

  K -Un chullachaqui, todos tenemos uno. Un ser igual a ti, pero vacío, hueco.

  TH -Esto es un recuerdo de ti en un momento que ya pasó.

  K -Un chullachaqui no tiene recuerdos. Sólo vaga por el mundo, vacío, como un fantasma, entre el tiempo sin tiempo”.

(2)  Karamakate dice a Evan que es él quien debe guiar el camino para encontrar la Yakruna. Evan, perdido entre los mapas de Theodor, no sabe a dónde ir.  Entonces, el mueve mundos le pregunta cuántas orillas tiene el río, a lo cual éste responde: “Este río tiene 3 orillas, tiene 5, tiene 1000. Un niño puede entenderlo, pero tú no. El río es hijo de la anaconda. Lo entendemos en sueños, pero es la verdad, más real que lo que tú llamas real (…) ¿Tú qué ves? El mundo es así, enorme. Pero tú escoges ver sólo esto (señala el mapa arrojado al río). El mundo habla. Yo sólo sé escuchar. Escucha la canción de tus ancestros. Aquí está la respuesta, pero escucha de verdad, no sólo lo que dicen tus oídos.”

 

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