Cero En Conducta N°4 / Octubre - Diciembre 2018

LA ESQUINA DEL CORTO

Muerte de un sonidista (Death of the Sound Man, Sorayos Prapapan, 2017)

En esta edición he juntado dos cortometrajes que, en su forma y origen, son diametralmente opuestos, sin embargo, cada uno a su manera, gira alrededor de la  muerte. Todas estas voces (All These Voices, David Henry Gerson, 2015) es un corto de ficción que hace de las duras consecuencias de a la guerra su tema. Muerte de un sonidista (Death of the Sound Man, Sorayos Prapapan, 2017), un trabajo tailandés, cercano a cierto lenguaje documental y la comedia, hace una especie de investigación sobre los sonidistas, generalmente considerados como personajes invisibles en la producción de cine. Ambas películas, luego de un largo recorrido por festivales, tuvieron su estreno en internet en meses pasados.  

 

 

Ver las voces de la guerra

La guerra es un sinsentido que inevitablemente trae tristeza, muerte y destrucción. Es por esto que el arte constantemente nos invita a ver la guerra de frente y sacude nuestros sentidos con la esperanza de que, tal vez, esta jamás se repita. Somos muchos los que no hemos vivido la guerra en carne propia, sin embargo, si la hemos podido ver y sentir de cerca a través de los ojos de quienes la han sufrido. Es esto lo que hace el director y guionista David Henry Gerson en Todas estas voces, su corto de grado del conservatorio del American Film Institute y ganador de la medalla de oro en el 2016 de los premios estudiantiles de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. Gerson, para hacernos ver los estragos de la guerra, nos sitúa desde el punto de vista de un muy joven soldado nazi que atemorizado se esconde en un viejo y destruido teatro en Polonia justo al terminar la segunda guerra mundial.  Allí es sorprendido por los sobrevivientes de un grupo de teatro local que llegan para celebrar el fin del conflicto.

Todas estas voces es un trabajo de altos valores de producción, por su impecable fotografía en 35 milímetros y el arte y vestuario que nos transportan a la época. Se destaca también el uso de material de archivo de la guerra, entrecortado en la secuencia inicial para contextualizar e introducir la historia. Sin embargo, lo que hace memorable a esta película es la forma, más cercana al cine experimental, como su director narra lo que experimenta el joven nazi ante el  encuentro con los sobrevivientes: el grupo se desata en una delirante secuencia de escenas teatrales que parecen sacadas de una alucinación. Finalmente, es la mirada aturdida y desolada del joven nazi, seguida de un intercambio de gritos con uno de los sobrevivientes lo que nos deja claro todo lo que él ha presenciado en la guerra. Los ojos de este joven hablan de su imposibilidad de comprender lo visto, del terror, del dolor. Considero imposible que, como sociedad y sin importar el paso de los años, nos podamos permitir olvidar el horror y los más de 60 millones de muertos que produjo la segunda guerra mundial. Recordarla cada tanto, así parezca contradictorio, es entonces una necesidad. David Henry Gerson es descendiente de una familia polaco-alemana que sobrevivió al holocausto. Sin duda este trabajo es resultado de una necesidad personal de exorcizar los demonios de la guerra y entender lo que su familia vivió en los campos de trabajo en Siberia. Es también un acto para traer al presente, mantener en la memoria, un pasado que muchos queremos que no se repita. ¿Es entonces el arte, como el performance del grupo de teatro o esta misma película, la respuesta a la guerra?

Gerson, quien también es actor y productor, ha dirigido otros dos cortometrajes y un documental que también han rodado por los festivales del mundo. Actualmente desarrolla su opera prima de ficción, Above Kings, donde vuelve y revisita el pasado, en esta ocasión el atentando en 1988 con una bomba a un avión de Pan Am que hizo que este cayera en la ciudad escocesa de Lockerbie. Más del trabajo de este interesante director se puede ver en su página personal

 

 

 

Sueno luego existo

La producción de cine puede ser compleja, con muchas personas que ejecutan tareas a simple vista invisibles pero vitales para darle forma a una creación. Unas de ellas son los sonidistas, su trabajo puede llegar a estar compuesto de infinitos detalles, con la misión de que el sonido se mimetice con la imagen y pase desapercibido. Cómo bien lo dicen los protagonistas del corto Muerte de un Sonidista, si ellos repiten sonidos en una película esto puede producir que el público pierda su atención en la historia. Es decir, cuándo el trabajo de sonido de una película está bien hecho, este no se “ve”. Esto último hace que, muchas veces, la labor de los sonidistas pase desapercibida a pesar de su capital importancia. Precisamente, la premisa de la que parte el director  tailandés Sorayos Prapapan parece ser esa: darle visibilidad, y por lo tanto la dignidad que se merece, al sonido y a sus responsables. Estrenado en 2017 en el Festival de cine de Venecia en la competencia Orizzonti y ganador del premio Vimeo Staff Pick (que permitió su estreno online) del festival de cine de Guanajuato en 2018, Muerte de un Sonidista, a manera de un falso documental, sigue a un par de sonidistas que trabajan en la mezcla final de un corto. Escena tras escena somos testigos de las diferentes y tediosas actividades que realizan l en su trabajo mientras comentan sobre su quehacer o la política de su país.

La idea detrás de este corto es sencilla, voltear la cámara y darle vida al sonido a través de la imagen. Su gran logro radica  en su uso del sonido y en la comedia sutil que surge de las situaciones, al parecer inverosímiles, a las que se exponen los protagonistas con tal de hacer su mejor trabajo. Es tal el poder del sonido de hacerse invisible junto a la imagen que el mismo director lo usa para hacernos pensar que muchos de los sonidos del corto mismo pertenecen a la realidad. Un ejemplo de ello es la escena final, en la que los protagonistas deben grabar por requisito del director el sonido de una bandera ondeando, pero la bandera de Tailandia por alguna misteriosa razón (de la postproducción) no suena y la bandera de Estados Unidos sí. O, en la escena en que los equipos de sonido graban en medio de la lluvia: ¿el disparo que se escucha en realidad sucedió?, ¿pueden los equipos de sonido exponerse al agua torrencial?

En conclusión, Muerte de un Sonidista es un cortometraje que hábilmente transita entre el documental y la ficción para cumplir su objetivo, hacernos ver que el sonido sí importa. Irónicamente el director Sorayos Prapapan, cuya mayoría de créditos en cine son precisamente en el departamento de sonido, no se ocupó de él en esta película.

 

 

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