Cero En Conducta Nº0

EL CÍRCULO DE LA VIOLENCIA

Matar a Jesús (2017), de Laura Mora

La rabia y el odio generan un dolor para el que no existen analgésicos y que solo puede apaciguarse por medio de la venganza o el perdón. Matar o perdonar, es el dilema al que se enfrentan quienes sufren la pérdida de un ser querido de manera injusta y violenta.

Matar a Jesús es el segundo largometraje de Laura Mora, quien ya había presentado Antes del fuego  y fue co-directora de la serie Escobar el patrón del mal de Caracol Televisión.  Su ópera prima es un thriller escenificado en la toma del Palacio de Justicia, en donde se siente la indefensión del ciudadano frente a un Estado opresor y corrupto y en Escobar el patrón del mal se permitió explorar también el asunto de la memoria y el homenaje a las víctimas como insumo fundamental para la reconciliación en Colombia, temas que también hacen parte de su segundo largometraje. Después de estudiar cine en Australia, regresó al país y desde hace algunos años venía preparando este proyecto, motivado por la dolorosa experiencia de perder a su padre, un profesor universitario asesinado en 2002 en Medellín.

Como una forma de exorcizar sus propios demonios, la directora nos trae esta película con tintes autobiográficos que, a diferencia de las típicas historias de venganza, no se enfoca en los preparativos para llevarla a cabo sino en los conflictos internos de una joven que se enfrenta a continuar la vida sin su padre mientras el asesino sigue libre y tranquilo.

Paula (Lita) es una joven rebelde e impulsiva que presencia el asesinato de su padre, profesor en la universidad donde ella estudia, reconociendo al sicario que lo asesinó.  Desde entonces se obsesiona por conocer a ese hombre, Jesús, para reconstruir su vida, detenida en el tiempo desde que ocurrieron los hechos.

La historia se demora para empezar y adolece de una mejor caracterización inicial de los personajes, que permita establecer de manera más sólida la relación entre la protagonista y su padre, asunto clave para conectarse con la trama principal.  Sin embargo, conforme avanza, la historia cautiva por la profundidad con la que se aborda el dilema de Lita y por el tratamiento audiovisual que se focaliza en ella al punto de terminar siendo casi una historia en primera persona:  Las luces, el sonido y el tiempo se aceleran o detienen para acompañar a la protagonista y lo que está sintiendo en cada momento de la trama.  La dirección de fotografía y el diseño sonoro están bien logrados y, como debe ser, se ponen al servicio de la historia.

El nombre de Jesús para el asesino es provocador, pero a lo largo de la película entendemos que Jesús, más que un hombre, es un instrumento del círculo de la violencia; matar y morir, herir y sanar, dar y quitar, amar y odiar, ser ofendido y vengarse. Lita da rostro al causante de su dolor, descubre a la persona detrás del asesino y se da cuenta de que odiar es tan difícil como amar y que la justicia como bien divino no tiene nada que ver con el ejercicio de la misma en una sociedad en la que reinan la corrupción y la inoperancia de los organismos del Estado. ¿Olvidar? ¿perdonar? ¿vengarse? ¿resistir? ¿quedarse? ¿escapar?… La vida continúa para ella, pero nunca volverá a ser la misma.

La historia se escenifica en una doble fiesta, navideña y del fútbol, que genera un poético contraste entre el jolgorio general y la profunda tristeza que embarga a Lita, el mismo que se vive en diciembre cuando en la ciudad la pólvora se confunde con las balas.  Jesús es el guía de viaje por esta ciudad desconocida y protagonista de principio a fin: una Medellín de amores y odios, la del orgullo paisa y la de la violencia brutal; la ciudad que se vive desde adentro en la algarabía y se contempla hermosa y tranquila desde afuera.

Matar a Jesús es una película  en donde volvemos a Medellín con los ojos del naturalismo, con una adecuada dirección de actores y un casting que en general funciona bien (los protagonistas lucen medidos y convincentes).  Es un recordatorio del papel que la violencia ha jugado en nuestras vidas y en la construcción de un país lleno de dolor, en el que todos hemos sido víctimas.

 

TAMBIÉN PODRÍA GUSTARTE

No hay comentarios

    Responder