Cero En Conducta / Especial cine colombiano

PALABRAS DE PESCADOR

A propósito de Tantas almas, de Nicolás Rincón Gille

 

Como parte del equipo de Tantas almas, en el 2017 viajé por primera vez a Simití, la principal locación de la película. A lo largo de ese año y hasta el 2018, el pueblo pequeño de pescadores al sur de Bolívar se convirtió en mi segundo hogar. Un pueblo donde las casas de ladrillo y material se reflejan en el agua, y se vive una doble vida. Una que transcurre hacia las calles del pueblo donde los vecinos sacan sus mecedoras para tomar el fresco, se comparte la chicha y los bolis para calmar la sed, lloran a Joselito en los días de carnaval y los santos se airean cada año. Otra vida que mira a la ciénaga, a la cara del indio en la Serranía de San Lucas y el Cerro de La Cruz, donde las mujeres se reúnen a conversar mientras despercuden la ropa, los niños y niñas chapucean en el agua, los marranos se refrescan mientras comen taruya, y los pescadores vuelven después de sus faenas de pesca.

El viaje inicial tenía un propósito: realizar el casting de actores naturales para los personajes principales de la película y hacer un scouting de las posibles locaciones. Iniciamos el casting en el casco urbano de Simití. Con la guía de Marcelo, hombre conocedor de las tradiciones populares, miembro del Grupo de Teatro y bien conocido en el pueblo, visitamos barrios de pescadores como: Chambacú, Barrio Arriba, Barrio Abajo, El Pesebre, Las Puntas, San Francisco, San Marcos. Casa por casa, nos sentamos a conversar con pescadores jóvenes, adultos y viejos. Nos hablaron de su oficio, sus rutinas de pesca y su vida como pescadores. De estas conversaciones, salieron invitaciones para acompañar jornadas de pesca en la ciénaga y el caño que conecta la ciénaga de Simití con el río Magdalena, y para comer en familia el viudo de pescado. Incluso, en una oportunidad, surgió una invitación muy especial para escuchar a la madre de agua, un “aparato que vibra cuando la tarde cae. Nos embarcamos con Emi, un pescador de Barrio Arriba, hacia el centro de la ciénaga. El agua rozaba la canoa, formando ondas. Acerqué una oreja al agua, como palpando el sonido. De pronto, un leve prrrrr prrr brotó del fondo. Era la madre de agua. Así, con la oscurana cayendo sobre la ciénaga, empezamos a percatarnos de que el universo de los pescadores y los habitantes de Simití no se reduce al mundo de la pesca. De él hacen parte seres sobrenaturales, santos, fiestas y leyendas que tienen un lugar propio en la vida y memoria del pueblo. Simití es un pueblo que festeja todo el año: en temporada de bajanza se celebra el día de San Antonio, mientras que, en temporada de subienda, se celebra la fiesta de San Simón, el carnavalito y el día de la Virgen de la Original. 

Recorrimos también la zona rural de Simití. Por tierra, visitamos corregimientos y veredas: Aceitunos, un caserío al borde de la carretera principal cerca de un puente en construcción; San Luis y El Piñal, ambos caseríos bordeados por cultivos de palma y con salida al complejo de ciénagas donde la pesca es colectiva y se reparte entre la familia y la comunidad. Por el río y la ciénaga visitamos otros lugares como Paredes de Ororia, a orillas del río con su pared de piedra enmarañada por las raíces del monte; Cerro Burgos, con su pequeño muelle donde se escucha reggaetón; la Hondilla, con sus fincas inundadas por las aguas de la ciénaga que miran a la Serranía de San Lucas; y Cargadero, con sus árboles coposos que tapizan con flores de algodón el suelo de tierra de las casas de madera. Buscábamos locaciones que aparecían en el guion inicial: galleras, un cementerio inundable, un montallantas, un palo de mango, cultivos de palma, la casa de la sabedora, una cascada, una enramada, playones, una carretera en construcción. 

En estos trayectos, conversamos con campesinos, campesinas y pescadores que compartieron con nosotros sus historias y trayectorias de vida. Nos encontramos con diversas personas y formas de narrar: viejos pescadores con memoria prodigiosa, contadores innatos que rememoraban los viajes que en época de subienda hicieron al río Magdalena y Honda;  una mujer que, decidida a seguir el oficio de la pesca, acompañaba a su esposo con su atarraya; hombres de pocas palabras; pescadores sobrevivientes a las masacres paramilitares que resistieron en sus pueblos al desplazamiento forzado y la violencia; pescadores que salían de noche en colectivo a cuidar la ciénaga del trasmallo; mujeres y familias que debajo de las camas se habían protegido de las tomas al pueblo por parte de los distintos actores armados; campesinos colonos que llegaron desplazados del interior del país buscando tierras para cultivar; familias que iban al río y a los playones a hacer paseos de olla; jóvenes que alternaban la pesca: en la subienda se dedicaban a la pesca y, cuando el pescado comenzaba a escasear subían a la montaña a raspar matas de coca. Estas conversaciones nos acercaron a sus heridas y problemáticas, también a sus alegrías y anhelos. 

Seguimos montaña arriba hacia los corregimientos de Monterrey y San Blas. En el primero, abundaba la tierra para el ganado y los cultivos extensos de palma. Sonaba a corrido prohibido y cantina. En medio del pueblo, un monumento con las fotos de tres transportadores masacrados en el 2008 por los paramilitares y un santo elevando sus manos hacia el cielo. El segundo, un caserío fantasma, puertas cerradas y desvencijadas. Un pueblo echado a menos que, en algún momento vivió la prosperidad fugaz que trae la coca y la minería. Al llegar a estos corregimientos, las conversaciones se hicieron más densas, la palabra perdió fluidez.

Andando el pueblo y recorriendo los caminos por agua y por tierra, llegamos a los espacios donde la palabra del pescador vive. Nos juntamos en las enramadas de palo y paja donde descansan al medio día los pescadores para escuchar sus cuentos sobre los corrales. Nos embarcamos en faenas de pesca para aprender de su quehacer. En los patios o frente a las casas mientras remendaban sus atarrayas o reparaban sus canoas, escuchamos sus historias. En las salas de las casas tomando tinto conocimos a sus familias y vecinos. 

Así, como ese recorrido inicial, este texto funciona, entonces, como guía de ruta para adentrarnos en el universo acuático de los pescadores y la pesca en la ciénaga de Simití, su complejo de ciénagas y sus salidas al río Magdalena. Encontramos un universo vasto en nombres, términos, movimientos, prácticas, creencias y saberes. Algo de ese universo ha quedado plasmado en estos versos.

 

I

Muy temprano en la mañana

las mujeres se levantan 

a barrer las calles del pueblo

De sus casas brota el sonido de la emisora La Original

Cada mañana despierta a los simiteños con una cumbia:

La península,

La península.

Simití del alma mía,

Tierra encantadora y bella (…)

A esa hora 

empuja la brisa como flechas en el agua, 

las primeras canoas de pescadores

En mocho y sombrero, salen de sus barrios

Ahí van los ribeños y los bajeños, 

de Las Puntas, Chambacú, 

El Pesebre, La Bota y San Francisco.

A canalete reman las parejas 

de pescadores: los hay vecinos, 

también amigos y familiares

El atarrayero va en la punta,

el patrón conduce detrás

Salen con sus atarrayas esperando 

regresar con una buena pesca.

Recorren en silencio caños y 

otros rincones de la ciénaga

Buscan los sitios de vivienda del blanquillo, 

el barbú, el bagre, la colomba o pacora, 

el coroncoro, la mojarra, el nicuro 

o el pescado mejor conocido como bocachico.

Una mancha en el agua

El patrón se detiene

El atarrayero se agacha,

saca de un tarro bolas de barro 

que amasa y tira al agua.

Una onda se expande

Pequeñas burbujas brotan a la superficie

Es una señal para alistarse.

El atarrayero asegura la cuerda de mano

Con sus dientes sujeta la red y,

con un balanceo extiende sus brazos

abriendo la atarraya como una telaraña,

dejándola caer en el agua.

Arrastra y arrastra

Con suerte, unos cuantos peces picaron

Repite el procedimiento tanteando 

distintos puntos del caño.

Del monte brota el canto rasgado de la guacharaca

El pato cuervo aletea y chapotea 

Se sacude de abajo hacia arriba, 

de arriba hacia abajo.

Unas cuantas gotas caen

Los bocachicos resollan contentos

La ciénaga se inquieta con tremendo aguacero 

que no da tiempo de volver.

Con la ropa empapada, los pescadores 

se resguardan en una casa de palo improvisada

Con cuchillo afilado en mano 

se preparan para arreglar el pescado:

Por el centro abren el vientre, 

sacan las vísceras que arrojan al agua

Luego raspan y raspan 

de atrás hacia adelante 

las escamas del pescado

Lo tasajean

El olor penetrante alborota 

a unos pequeños insectos,

forman una nube verde 

que rodea a los pescadores.

El tiempo se alarga y ya es medio día

Las nubes se dispersan, dejan ver en el fondo

la cara del indio en la Serranía de San Lucas.

Pronto la ciénaga se vuelve 

un espejo brillante, vaporoso

Los rayos del sol comienzan a pegar con fuerza 

en los ojos y rostros de los pescadores.

Con la canoa cargada de pescado 

se alistan a volver a las puntas

En johnson los esperan 

con pesas en mano compradores 

de Gamarra y otros pueblos cercanos.

A 4.000 el kilo de pescado grande 

El pequeño a 2.000

Entre pesas, olor a pescado fresco 

y la algarabía de la compra y venta,

los pescadores reciben uno que otro peso que,

reparten por mitades.

Regresan con sus canoas 

a la orilla de sus barrios

Saltan a tierra, dejan la atarraya secar

Por el patio trasero entran a sus casas

con la pesca del día lista para preparar 

el viudo de pescado.

*****

Para refrescarse del sol de la tarde,

los marranos se revuelcan 

en el barro a la orilla de la ciénaga

Al fondo, un pescador se da un baño

Otros pescadores se alistan para hacer la siesta

se juntan en las enramadas de cada barrio 

o se recuestan en los pisos fríos del frente de las casas

Los que no duermen conversan y echan cuentos

Otros pasan la tarde, sentados en las calles,

tejiendo y remendando sus atarrayas 

que cuelgan de los árboles.

*****

Comienza a oscurecer

Son las seis de la tarde

Es la hora de la madre de agua

Se despierta con un ronroneo largo 

que vibra con fuerza en toda la ciénaga

Prrrrr-prrrrrrrrr-prrrrrr

Brota el sonido debajo del agua,

invitando a los pescadores a salir otra vez.

Es buena hora para tener una pesca segura

Los peces se atolondran con su sonido.

Cuando la madre de agua se calla

la pesca es mala

Los peces quedan ariscos hasta entrada la noche

 cuando los pescadores nocturnos salen.

Ellos prefieren pescar con el fresco de la noche 

o con la claridad de las noches de luna llena

Salen también en parejas,

algunos con atarraya, 

otros con trasmallos.

*****

II

El caño es un espacio colectivo, 

Es el criadero del bocachico

Habitan también las babillas, 

el pato cuervo y hasta una 

virgen que vive en una cueva.

Es la Virgen de la Piedra 

que espera con bendiciones 

a los pescadores que van de paso.

El caño, espacio de pesca y tránsito 

Con bultos de tierra, lo están secando

Con palos dentro del agua, lo están cercando.

El caño se ha reducido

Lo han cerrado.

Ahora el camino hacia el Magdalena es más largo

Los pescadores ya no visitan a la Virgen de la Piedra

Ya no recogen el agua de su pozo para aliviar sus males.

En las tierras cercanas al caño ahora pasean las vacas

Que mugen victoriosas como diciendo: 

“ahora prospera la ley de la propiedad privada y el progreso”.

*****

III

El río y la ciénaga están vivos

Lo saben los pescadores tradicionales, 

que, por años, se mueven siguiendo sus ritmos.

*****

Trrrrrrrrr

Con el invierno resuena el río crecido

Ahí vienen, entrando por la boca de Cerro Burgos

cansados y hambrientos del viaje desde Honda.

Trrrrrrrrr

Ya vienen por los caños

Los machos están culecos

Las hembras vienen cargadas 

de huevos buscando refugio,

se preparan para desovar.

Trrrrrrrr

Entran por la ciénaga

Anuncian la temporada de bajanza

Un periodo en que la pesca disminuye,

los pescadores reemplazan sus jornadas por el trabajo de la tierra 

en los cultivos de pancoger.

*****

En temporada de lluvia, 

llegan las plegarias a San Antonio:

Humilde y divino Antonio

Ruega por los pecadores

Detrás de los gozos 

suenan las campanas de la Iglesia, 

anuncian el comienzo de la procesión.

El santo alisa su túnica marrón 

con un cordón la ajusta en su cintura 

Con firmeza carga al niño que llevará en brazos

Con la otra mano agarra un lirio blanco.

Suenan los voladores fuera de la iglesia

Los hombres cogen fuerzas para cargar al santo.

Afuera los espera una romería:

niños, niñas, viejos y jóvenes 

vestidos con túnica franciscana

Unos vienen a pagar los favores concedidos

Otros a acompañar al santo.

Con notas de vientos abren las puertas de la iglesia

La gente se junta cerca al santo

lo pasean por la Calle Real

lo llevan por todo el pueblo 

entre cantos, súplicas y oraciones.

El niño va bostezando

sus ojos se cierran cansados

El santo lo arrulla en brazos

susurrándole canciones de cuna.

El niño ya va dormido

es hora de volver a la iglesia

A esperar la siguiente bajanza, 

que llega el 13 de junio.

*****

En la subienda, 

cuando el río baja y los playones salen a la superficie, 

el pescado sale robustecido a quemar grasa. 

Va río arriba al río Magdalena.

Es un tiempo de abundancia, 

la pesca se compone.

En las tardes o en las mañanas de verano

los pescadores se embarcan en sus machos.

Aglomerados en la ciénaga, 

van a corralear.

Forman dos líneas

luego cierran un círculo

A la señal de los patrones, se sincronizan en el agua 

Hacen lances de atarrayas

Buscan pescar entre todos al bocachico.

*****

                Con la subienda,

llegan las mojigangas y la danza de las pilanderas

cada 28 de octubre se celebra el día de San Simón.

Un día en el que los árboles se decoran y hasta bailan:

unos llevan velas y totumos

otros festones y serpentinas de colores.

De cada barrio hay un árbol 

Que sale con su comparsa 

de tambores por las calles del pueblo.

Entre risas de niños pintados de negro

ancianas con culos de bombas

llevan cada árbol

lo zarandean como si tuviera vida propia.

*****

Las calles se encharcan

Despierta el carnaval

El agua se vuelve protagonista:

mangueras de agua,

baldados de agua fría, 

bombas de agua,

todo se vale.

Se corretea a los transeúntes

Hasta dejarlos emparamados.

*****

El río y la ciénaga siguen vivos

El territorio lo sabe

Siguiendo las enseñanzas de los abuelos, 

los pescadores tradicionales los han protegido.

Pero este universo es frágil, podría desaparecer

Los peligros son constantes, el territorio está en amenaza.

*****

En tiempos de bajanza, 

el pescador tradicional ya no va a su parcela a cultivar

A algunos los despojaron de su tierra

Quedó en manos de ejércitos 

de seguridad privada

Otros las vendieron a colonos cachacos 

que querían trabajarla.

En tiempo de Seguridad Democrática

Bajaban por el río johnsons y chalupas 

con pelotones de niños, niñas y jóvenes armados. 

Inocentes, jugaron a ser rudos.

Bajaban con su jefe de turno 

Que con su acento cachaco los mandaba:

¡Bájeme esos gajos de guineo!

¡Agarre esas gallinas!

A ver, los vi, ¡armen el cambuche pa’ esta noche!

Cuando llegaban, ni siquiera se podía chistar

Forzadas las familias

abandonaron su pedazo de tierra.

Se vivía con mucha zozobra

Los jóvenes temían ser llevados al monte

Las mujeres preferían vivir en el pueblo

Y hasta las propias brujas convertidas 

en garzas volaron bien lejos.

El campo quedó desolado

Los animales que dejaron, desorientados

Los cultivos de pancoger se perdieron

Los espantos,  al no poder aparecer, 

se esfumaron monte adentro. 

*****

Ahora prospera la ley de la propiedad privada

La del beneficio propio

La que busca privatizar la ciénaga

La que cree poder domesticar y amansar el río 

que le pone precio a cualquier relación

que pretende romper con todo gesto solidario

La lógica del más avispado.

Bajo esta ley una minoría de pescadores 

ha cambiado sus atarrayas por trasmallos

Ya no se rigen por la bajanza

Ni por la subienda.

Salen en las noches a instalar a escondidas sus mantas,

Cubriendo toda la ciénaga

Sofocándola.

No hay animal que se salve,

Hasta los patos cuervo mueren enredados

Todo lo que pasa cerca, 

peces pequeños, hembras con huevos,

Todo lo arrasa.

Es una pesca desigual

Una pesca en la que los trasmalleros 

se llevan el pez gordo

Un pez que no da un brinco y se esfuma

Sin verse, a pesar de todo, 

el tan predicado progreso.

*****

A Simití lo cubre el manto 

protector de una virgen,

La Original

La patrona de los simiteños

Una virgen niña, juguetona y voluntariosa.

La muy andariega se escapaba 

a ese lugar que tanto añoraba:

la Serranía de San Lucas,

su territorio.

Por los caminos

 se descalzaba sobre el barro mojado

Cantaba a la luz de los cocuyos

 mientras andaba por el monte 

enredando su falda,

bailando con su manto 

abierto lleno de cadillos.

De la Serranía de San Lucas fue bajada

instalada en la Iglesia de San Antonio

Los mineros de Guamocó la adornaban con ofrendas de oro 

Llegaban de lejos con rezos y plegarias,

buscando favores.

En las noches, 

cuando el pueblo dormía

Se volaba a la casa de sus abuelos

Esa casa donde fue dejada 

por unos ángeles caminantes. 

No valieron los regaños del cura

Ni los de los viejos del pueblo

para que se dejara de escapar

Hubo que darle una ventana

con vista a la Serranía de San Lucas, 

para que la Virgen de la Original 

se amañara en su altar.

*****

 

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