Cartografía

CONVERSACIÓN CON MARÍA JOSÉ BERMÚDEZ

En busca de los preludios

 

Es inútil buscar el recodo
donde la noche olvida su viaje
y acechar un silencio que no tenga
trajes rotos y cáscaras y llanto…

Federico García Lorca – Paisaje de la multitud que orina

 

La agenda de la directora María José Bérmudez es un suplicio. Pero coincidir con ella otorga alivio, mayormente por su semblante sereno. La concreción correcta para zanjar los argumentos. Esta comunicadora social de La Sábana, con estudios cinematográficos en Leeds, quedó profundamente enamorada del trabajo social con las comunidades de la Amazonia. Hace talleres de realización con los tikunas del río Putumayo. Capacita a los líderes de las comunidades en el inglés y convive en las Malokas de los Matapí con un respeto sacro y a la vez familiar. El Amazonas es su segunda casa, dice reiteradamente. 

Desde San Martín de Amacayacu, María José, con bitácora en mano, estudia los fenómenos convulsos del territorio. Su cine no lo cobija la gran industria ni lo preceden instituciones oficiales de desarrollo. Produce dejándoselo todo en el camino. Mi alma se la dejo al cine (le parafraseo al momento de pensar: ¿Cómo uno puede lanzarse a la vorágine de producir solo un viaje tan intenso como Amoka?) Aunque su segunda producción está en un estadio embrionario, su particular mirada tenía que ser parte de este estudio. Su búsqueda, a la vez de loable, da luces de uno de los procesos más arduos de la creación cinematográfica: los preludios investigativos. Nuestro encuentro no pudo ser más anticlimático: en un Pan Pa’ Ya de Bogotá.

 

A.M: Hábleme un poco de su nuevo proyecto. El desafiante segundo largometraje.

M.J.B: Es una tema que vengo investigando hace mucho tiempo. En la frontera con el Perú. Es sobre el tráfico de fauna, sobretodo entre Leticia y Puerto Alegría. Es una idea que he querido trabajar desde hace mucho tiempo pero para esa época estaba muy “caliente la cosa” y sentí que no era el momento indicado entonces comencé a abarcar el tema de la minería, no quiere decir que sea un tema menos caliente, pero la manera de enfocarlo en Amoka, mi primer largometraje, no es un dispositivo de mera denuncia sino que da cuenta de los impactos que damos por inadvertidos.

A.M: El recorrido que hace el protagonista, es un tránsito complicado precisamente por esos antecedentes históricos de La Pedrera (Amazonas).

M.J.B: Lo que hicimos es que coincidencialmente se cumplía un año de la muerte de Daniel Matapí. Un líder indígena (el padre del protagonista). Yo ya había trabajado con él en ACT Colombia. Incluso un tiempo después de mi salida fue que Daniel murió; él era un contacto importante entre las ONGs y las comunidades de la región. Un puente entre lo indígena y lo occidental por así llamarlo. A partir de ese momento se fue armando una historia, elabore un pitch para la Universidad de Leeds. Ellos financiarían el proyecto. En primer término Amoka era un cortometraje pero después del rodaje, en pleno proceso del montaje, se realiza un primer corte y nada tenía sentido. Evidentemente no era un cortometraje. 

A.M: Se había estructurado el rodaje pensando en función de un cortometraje con la ayuda de la Universidad.

M.J.B: Sobretodo porque se tocaban muchos temas. Había que ir más profundo, detenerse un poco más. Muchos profesores de la universidad coincidían en qué era un largometraje, me aconsejaron que me graduara con otro tipo de proyecto y que siguiese desarrollando Amoka.  Eso fue lo que finalmente hice. Me gradué para la maestría con algo más experimental y seguí trabajando en Amoka pero ahora era más complicado porque estaba yo sola. Tocaba volver, rodar mas, ahondar mas en la investigación y sobretodo el trabajo en la postproducción fue muy tortuoso agregándole a eso la escasez de recursos. El primer rodaje fue entre el 2015 y el 2016. 

A.M: Con un equipo de filmación más grande.

M.J.B: No, con un sonidista, dos cámaras y yo. Un equipo mas pequeño porque el acceso también es difícil. Movilizarse en esos aviones DC 3 porque los vuelos comerciales de Satena presentan un cronograma muy irregular o los cancelan.

A.M: No conocía ese itinerario que sale en la película, de San José de Guaviare hasta Araracuara.

M.J.B: El otro es desde Florencia o por San José. El documental estuvo nacionalizado y todo a principios del año pasado. Después de ahí tuvo un proceso de ruta de festivales enfocándome en los de temática ambiental, los que me interesaban. Ahora me toca ver qué pasará con la otra idea que esta desde hace mucho tiempo.

A.M: ¿Cómo ha sido el proceso de investigación con este nuevo proyecto?

M.J.B: Este segundo proyecto ha tenido un proceso creativo raro. Originalmente yo había escrito un guión de documental.

A.M: ¿En su maestría en Leeds o cuando estudiaba comunicación social?

M.J.B: Ese lo empecé a escribir en Inglaterra, luego lo retomé para pulirlo. Digamos que esa investigación en tráfico de fauna yo la llevo con la fundación Entropika que es de la que hago parte desde el 2011.

A.M: ¿Y con Entropika desarrolla todos los talleres de inglés y de realización audiovisual con las comunidades amazónicas? 

M.J.B: Recientemente no. Ahora estoy radicada en Bogotá. Entropika es una ONG que trabaja con donaciones entonces digamos que en este momento se priorizan las donaciones para desarrollar las investigaciones en campos como la biología, veterinaria; proyectos más específicos y ahora las personas que los desarrollan están radicados en la región. Pero igual yo los visito a cada rato y hacemos talleres.

A.M: Igual ese ejercicio sirve para desarrollar sus apuntes sobre el territorio. La bitácora para sus próximos proyectos.

M.J.B: Así es. Entonces ese documental del tráfico de especies es chévere pero como que empecé a sentir después de Amoka que no lo quería desarrollar de la misma forma, no tan testimonial,  porque la otra manera de desarrollar este proyecto sería más enfocado a la denuncia. Aspecto que me gusta pero no me parece que valga la pena entrar a la guerra si uno no cree que puede lograr un gran cambio, como irse contra todo el mundo.

A.M: Los engranajes de las grandes mafias implicadas en el negocio del tráfico de especies.

M.J.B: Empecé a ver alternativas y decidí que tenía mucho más sentido para mí, para recuperar mucho de lo que ya ha pasado; alguien contándolo no es lo mismo que verlo directamente. Decidí comenzar a escribir un guión de ficción. Hice por ahora una especie de escaleta de lo que quiero que contenga ese guión, digamos que un argumento largo por decirlo de alguna manera y ese es el objetivo de este año, darle ese necesario trabajo desde la escritura. Ya ficcioné en cierta manera el documental pero mi fuerte no es la escritura de guión, la estructura en sí, el desarrollo de personajes; digamos que el mío empíricamente va a llegar hasta un punto.

A.M: ¿Estos personajes son una invención suya a partir de la investigación previa o esta basado en personas de la comunidad que enfrentan directamente la problemática del tráfico? 

M.J.B: Como bien dice. Configure un nuevo mundo inspirado en la realidad de mi investigación pero ahora quiero ahondarlo mas en sus posibilidades y probablemente coescribirlo. Probablemente algún guionista con experiencia en guión de ficción. 

A.M: Es muy interesante lo que señala, que incluso desde antes de Amoka este proyecto le ha estado dando vueltas.

M.J.B: Pues digamos que conozco bien el tema.

A.M: Lo interesante de estos encuentros es profundizar las incertidumbres del proceso creativo. Más allá de un estado concreto de desarrollo. Cómo generar esos mecanismos de ir pensando la escritura pero al mismo tiempo ir pensando en las dinámicas de la producción, sea una subvención estatal, un mercado específico o los talleres de desarrollo de escritura.

M.J.B: Yo creo que si. La idea es hacerlo de una manera más meditada esta vez porque con Amoka las cosas se fueron dando. Yo no lo pensé y sin darme cuenta había que meter un montón de plata, ya había invertido una parte; en otras palabras estaba enterrada al proyecto. Me fui dejando llevar por las circunstancias que se iban dando y esta vez si quiero planearlo muy bien. En ese sentido ya tengo como algunos aliados que conocí gracias a Amoka. Ha sido enriquecedora esa parte del proceso.

A.M: En Amoka la producción la asumió prácticamente sola.

M.J.B: Así es. Ya conocía el territorio, era más factible que yo misma hiciera la producción a que alguien de mis colegas de Leeds. A mí me encanta. El  Amazonas es mi segunda casa entonces era para mí lo mejor del mundo.

A.M: Precisamente ese vínculo entre realizador y territorio es el que me interesa abordar.

M.J.B: Yo he trabajado varios territorios, pero al que siempre vuelvo es a la Amazonia. Por primera vez llegue en 2010 y viví un año completo. Yo llegué a la sede de Entropika en Leticia como practicante pero pues yo no vivía en Leticia porque el trabajo era con las comunidades. Iba cinco días a una comunidad, descansaba dos, iba otros cinco días, descansaba dos y así sucesivamente. Vivía entre la comunidad y los días de descanso la pasaba en el Parque Amacayacu y desde ahí todos los años he vuelto.

A.M: ¿Hay una relación muy intrínseca entre las comunidades y el equipo de Entropika? 

M.J.B: Sí, obviamente hay unas comunidades que han tenido problemas, aspecto que quiero fortalecer en este nuevo proyecto. Porque algunas comunidades también se benefician de esta ilegalidad entonces entran a generarse conflictos. Pero en término general es una buena relación. Ya hay gestados muchos proyectos y compromisos de parte y parte que fomenten la conservación.

A.M: Supongo que una parte si ha estado rehacía sobretodo por los réditos que genera el tráfico de especies.

M.J.B: Sí hay partes donde el fenómeno es complejo, sobretodo en la parte del Perú. Hay muchos factores que intervienen. Hay zonas mucho más alejadas, la zona de Leticia es mucho más turística y de más acceso que donde filmé Amoka. Al final se desencadena la misma conclusión. La falta de oportunidades que llevan a las comunidades al fenómeno de la ilegalidad en el caso de Amoka de la minería y en el caso de mi segundo proyecto al tráfico de especies.

A.M: Lo que noto interesante es que su cine genera una historia a la que transversalmente llegan ecos de otras historias, como la minería en el sur y la transformación gradual del entorno.

M.J.B: Con este segundo proyecto la idea es que sea más personal. Digamos que Amoka es muy circunstancial, como que a uno le llega un retrato claro pero no tan íntimo. Así al protagonista se le muera el padre, uno no lo llega a conocer mucho.

A.M: Está más propenso a la puesta en situación, el dispositivo del viaje.

M.J.B: En cambio con este nuevo proyecto se busca que sea una concepción más personal a través de tres personajes.

A.M: Inspirados en los trabajos que ha venido desarrollando con las comunidades.

M.J.B: He hablado con alguno de ellos, precisamente le digo que ahí es donde entra el trabajo más de la ficción al no tener el testimonio directo.

A.M: Yo creo que eso es lo más complicado. La búsqueda del dispositivo que genera la noción de la película en sí.

M.J.B: Precisamente estoy tratando de organizar un nuevo viaje. No se ha materializado porque necesito al menos veinte días. La dificultad de los vuelos, el horario del trabajo acá. Ahora quiero entregar unas copias de Amoka a las comunidades, la idea es reunirlos a todos.

A.M: Me gusta que la misma película se fabule como un viaje porque da la posibilidad que cada parada sea una especie de mundo particular con su propio tempo y atmósfera. Como en Amoka cuando el protagonista visita la Maloka del abuelo a las orillas del río, o los puntos de las dragas ancladas a la deriva.

M.J.B: Es muy interesante y potente pero a la vez riesgoso por la multitud de temas que comienzan a converger en la obra; el montaje como le decía fue todo un desafío pero al final vale absolutamente la pena el sacrificio.

 

Lea aquí el dossier de Amoka, la ópera prima de María Jose Bermúdez

 

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